Insecticidas neonicotinoides y fipronil: no solo abejas sufren efectos letales y subletales


Cattura pesticidas (1)

Por Anastasia Gubin La Gran Época

La exposición de los insecticidas neonicotinoides y fipronil no solo está superando las barreras de los efectos letales o subletales para las abejas melíferas, sino que significa una “muy alta toxicidad para una amplia gama de invertebrados”.

Una investigación sobre numerosos estudios, realizada por el Instituto Copernicus de la Universidad de Utrecht de Holanda, destacó que los datos son concluyentes, según su publicación de enero de 2015 en la Biblioteca Nacional de Medicina de EE.UU.

“A pesar de las grandes lagunas e incertidumbres de la información, existe el conocimiento suficiente para concluir que los niveles de contaminación existentes con los neonicotinoides y el fipronil resultantes de usos autorizados en la actualidad con frecuencia superan las concentraciones sin efecto adverso(…)y por lo tanto son propensos a tener a gran escala un impacto de gran alcance negativo a nivel biológico y ecológico en una amplia gama de invertebrados no objetivos [de los insecticidas aplicados] en los hábitats terrestres, acuáticos, marinos y bentónicos”, destacó el equipo.

Estos insecticidas se usan para eliminar determinadas plagas, pero a su paso eliminan la biodiversidad y destruyen el medio ambiente, no solo las abejas, como es el caso más difundido. Los científicos liderados por el Dr. LW Pisa resaltaron que “hay una gran falta de conocimiento”, sobre estos impactos, que ya están documentados para la gran mayoría de los invertebrados.

Sobre la investigación misma, revelaron que al recopilar los datos, el principal problema fue que muchos registros usaban protocolos obsoletos.

El documento destaca que, han recogido bastante información de los efectos subletales en las abejas (Apis mellifera), pero también hay datos de las especies de Lepidopteras (mariposas y polillas), el grupo de Lumbricidae (lombrices), los Apoidae (abejorros, abejas solitarias), así como de una sección de “otros invertebrados“, que incluyen las otras especies terrestres.

Sobre las especies de agua dulce y especies marinas, pese a estos pocos estudios, se describe que los resultados ante la exposición de los insecticidas neonicotinoides y el fipronil, van desde la toxicología del organismo, a efectos en el comportamiento, y efectos a nivel del número de la población.

Lo preocupante -explicaron- es que esta falta sucede porque muchos de los invertebrados “desempeñan papeles esenciales que permiten el funcionamiento del ecosistema saludable”.

La Unión Europea cuenta una suspensión de dos años a tres de los principales neonicotinoides, mientras se documentan los estudios de sus efectos, lo cual para los ambientalistas del mundo es un ejemplo, que puede salvar la agricultura.

En el caso de las abejas, su destrucción está acabando con la producción de miel en muchos países. Por este hecho, y por los efectos de estos insecticidas en la agricultura, en Estados Unidos un grupo de ambientalistas entregó una carta en la Casa Blanca dirigida al presidente Barak Obama, para la inmediata suspensión de las aplicaciones autorizadas, informó el Consejo de Defensa de Recursos Humanos (NRDC), el 5 de febrero.

Trip Van Noppen, presidente de Earthjustice; Peter Lehner, director ejecutivo del Consejo de Defensa de los Recursos Naturales; y Erich Pica, presidente de Amigos de la Tierra de los EE.UU. denunciaron que pese a la documentación científica, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de dicho país, anunció que no dará a conocer una decisión regulatoria sobre los neonicotinoides, antes de 2016.

“Si las tasas actuales de muerte de abejas continúan -dice la carta, es poco probable que la industria de la apicultura sobrevivirá el retraso de la EPA, poniendo nuestra industria agrícola y el suministro de alimentos en grave riesgo”, según la NRDC.

Para todos es conocido que las abejas también son esenciales para la polinización de docenas de importantes cultivos alimentarios que contribuyen en la economía de la mayoría de los países, como señala la NRDC.

El estudio de Holanda en cambio destaca que también hay que considerar a las otras especies en un marco global de biodiversidad y salud del medio ambiente próspero.

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